EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS Y EL ESTADO DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA MUERTE
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Con respecto a su interioridad, todo hombre es un espíritu
432. El
que reflexiona con detenimiento puede saber que el cuerpo no piensa,
puesto que es material, pero el alma sí, puesto que es espiritual. El
alma del hombre, acerca de cuya inmortalidad varios hombres han escrito,
es su espíritu y lo espiritual recibe lo espiritual y vive
espiritualmente, lo cual es pensar y querer; por lo tanto toda la vida
racional que existe en el cuerpo es del alma y nada de ello del cuerpo;
porque, como queda dicho arriba, el cuerpo es material, y lo material
que es lo propio del cuerpo se halla añadido y como si fuera unido al
espíritu, al objeto de que el espíritu del hombre pueda conducir su vida
y hacer usos y provechos en el mundo natural, cuyas cosas son todas
ellas materiales, y en sí y por sí no participan de la vida. Siendo pues
así, que lo material no vive, sino sólo lo espiritual, puede constar que
todo cuanto vive en el hombre pertenece a su espíritu y que el cuerpo
sencillamente sirve a este, del mismo modo que lo instrumental sirve a
la fuerza viva que lo mueve; se dice por cierto de un instrumento que
obra, que se mueve o que hiere, pero creer que esto viene del
instrumento y no del que mediante el mismo obra, mueve o hiere, es una
falacia.
433.
Puesto que todo cuanto en el cuerpo vive, y por la vida obra y siente,
es sola y únicamente del espíritu y nada de ello del cuerpo, sigue que
el espíritu es el verdadero hombre; o lo que viene a ser igual, que el
hombre, en y por sí considerado, es un espíritu, y también de igual
forma, porque todo cuanto vive y siente en el hombre, es de su espíritu,
y nada hay en el hombre, desde de la cabeza hasta la planta de los pies,
que no viva y sienta; por esto es que cuando el cuerpo se separa de su
espíritu, lo cual se llama morir, el hombre continua, sin embargo,
siendo y vive. He oído decir del cielo que ciertas personas, que mueren,
también piensan en sus cuerpos fríos mientras que yacen en la mesa
mortuoria, antes de haber resucitado, y no saben sino que todavía viven,
pero con la diferencia de que no pueden mover partícula alguna material,
propia del cuerpo.
434. El
hombre no puede pensar y querer a menos de que haya una base que es
sustancia, por la cual y en la cual, este pensar y querer pueda
verificarse; lo que se cree existir sin una base substancial, es nada.
Esto podemos saber por el hecho de que el hombre no puede ver sin un
órgano que es la base de su vista, ni oír sin un órgano que es la base
de su sentido auricular. La vista y el oído sin estas bases son nada, ni
existen. Así, también, el pensamiento, que es la vista interior, y la
percepción, que es el oído interior, si no fuesen sustancias y formadas
por sustancias, las cuales son las formas orgánicas, que son sus bases,
tampoco existirían en manera alguna. Puede por esto constar que el
espíritu del hombre también tiene forma; y que tiene una forma humana y
que goza de sensorios y de sentidos cuando se halla separado del cuerpo,
tanto como cuando se hallaba en él; y que todo cuanto pertenece a la
vida del ojo y a la vida del oído, en una palabra, todo cuanto pertenece
a la vida de los sentidos del hombre, no existe en estos por el cuerpo
sino por el espíritu y existen en ellos, en los más mínimos detalles. De
ahí viene que los espíritus ven, oyen y sienten tanto como los hombres,
pero después de la separación del cuerpo, no en el mundo natural, sino
en el espiritual; que el espíritu siente de una manera natural mientras
que está en el cuerpo, es a causa de lo material que lleva añadido, pero
no obstante, piensa, siente y quiere entonces también de una manera
espiritual.
435.
Esto se ha dicho con el fin de que el hombre racional pueda quedar'
convencido de que el hombre en sí mismo considerado es un espíritu, y
que lo corporal que se halla unido a este, a fin de hacer posible estas
funciones en el mundo natural y material, no es el hombre, sino tan sólo
el instrumento de su espíritu.
Pero más valen las pruebas de la experiencia, puesto que las
cosas racionales por muchos no sé conciben y en aquellos que han
confirmado en sí lo contrario, se convierten en objetos de dudas,
mediante raciocinios formados por las falacias de los sentidos. Los que
han confirmado en sí lo contrario, suelen pensar que los animales
también viven y sienten, y que así éstos también tienen un espíritu
igual al que tiene el hombre, siendo sin embargo así que aquellos mueren
con el cuerpo; la parte espiritual de los animales no es como la parte
espiritual del hombre, porque el hombre y no los animales tiene un
ambiente espiritual más íntimo en que influye lo Divino, elevándole a sí
y mediante ello uniéndole a sí; por esto el hombre, con preferencia al
animal, puede pensar en Dios y en las cosas Divinas, que pertenecen al
cielo y a la iglesia, amar a Dios por ellas y en ellas, y así unirse a
Él, y lo que puede unirse a lo Divino no puede perecer; pero lo que no
puede unirse a lo Divino, perece. De lo íntimo que el hombre tiene
además de los animales, se ha tratado arriba (n. 39) y conviene
referirlo aquí de nuevo, porque importa que sean disipadas las falacias
que acerca de eso han podido surgir, como acontece con varios, quienes
por falta de conocimiento y por una inteligencia no abierta, no pueden
por medio de la razón formar conclusiones acerca de estas cosas. Las
palabras allí consignadas, son estas:
Voy a
referir cierto arcano, tocante a los ángeles de los tres cielos, cuyo
secreto hasta ahora no ha venido a la mente de nadie, por no haber
comprendido los grados, es decir que en cada ángel y en cada hombre
también hay un grado íntimo o supremo, o sea algo sumo íntimo y supremo
en lo cual lo Divino del Señor influye más directamente, desde lo cual
dispone las demás cosas interiores, las cuales se siguen en él con
arreglo a los grados del orden. Este algo, sumo íntimo o supremo, puede
llamarse la entrada del Señor en el hombre y en el ángel, y también su
propia morada en ellos; por este íntimo y supremo el hombre es hombre y
se distingue del bruto, porque este no tiene aquello; de aquí viene que
el hombre, con diferencia del animal, puede, con respeto a sus cosas
interiores, que son las de su mente y su alma, ser elevado por el Señor
hacia Él, puede creer en Él, sentir amor por Él, y de esta manera ver a
Él, y puede recibir entendimiento y sabiduría y hablar mediante la
razón; de allí viene también el que puede vivir eternamente. Pero lo que
el Señor en aquel íntimo o supremo dispone o provee, no influye de una
manera apreciable en la percepción de ángel alguno, puesto que esto está
por encima de su pensar y excede su sabiduría.
436. Que
el hombre, en cuanto a su interior es un espíritu me ha sido dado a
saber por mucha experiencia, toda la cual, si fuera referida, llenaría
como se dice pergaminos. He hablado con espíritus como espíritu y he
hablado con ellos como hombre en el cuerpo, y cuando he hablado con
ellos como espíritu no han sabido sino que yo fuera un espíritu, y
también en forma humana como ellos; así han aparecido ante ellos mis
interiores, puesto que al hablar con ellos como espíritu no ha aparecido
mi cuerpo material.
437. Que
el hombre, en cuanto a su interior es un espíritu, puede constar porque
después de la separación del cuerpo, la cual tiene lugar a la muerte,
vive, sin embargo, hombre como antes. a fin de que me convenciera de
ello, me ha sido permitido hablar con todos los que jamás he conocido en
la vida del cuerpo; con algunos durante horas, con algunos durante
semanas y meses, y con algunos durante años, y esto principalmente con
el fin de que me confirmara y diera testimonio de ello.
438. A
esto es permitido añadir que todo hombre, aún mientras vive en el
cuerpo, se halla, en cuanto a su espíritu, en compañía de espíritus por
más que lo ignora; el bueno se halla mediante ellos, en una sociedad
angelical, el malo en una sociedad infernal, y que entran en esta misma
sociedad después de la muerte. Esto se ha dicho y se ha demostrado con
frecuencia a los que después de la muerte vienen entre los espíritus.
Bien es cierto que el hombre no aparece en esta sociedad como espíritu
mientras que vive en el mundo, por la causa de que entonces piensa de
una manera natural, pero los que piensan de una manera abstracta del
cuerpo, estando entonces en el espíritu, aparecen a veces en su
sociedad, y cuando aparecen se distinguen fácilmente de los espíritus
que están allí, porque andan meditabundos, guardando silencio, y no
miran a los demás; parecen no verlos y tan pronto como algún espíritu
les dirige la palabra desaparecen.
439.
Como ilustración de que el hombre en cuanto a sus interiores es un
espíritu, referiré por experiencia de que manera el hombre se separa del
cuerpo y la manera en que es transportado por el espíritu de un lugar a
otro lugar.
440. En
cuanto a lo primero, es decir a ser separado del cuerpo, se verifica
así: el hombre es introducido en cierto estado, intermedio, entre sueño
y vigilia, y cuando se halla en este estado no puede saber sino que se
halla completamente despierto; todos los sentidos están tan despiertos,
como en la más completa vigilia del cuerpo; tanto la vista como el oído,
y lo que es extraño, el tacto, el cual entonces es más exquisito que
nunca, puede ser en la vigilia del cuerpo; en este estado he visto
espíritus y ángeles de la manera más viva, les he oído también y, cosa
extraña, les he palpado, y entonces casi nada del cuerpo ha estado
presente. Este es el estado del cual, se dice "estar apartado del cuerpo
y que no se sabe si se está en el cuerpo o fuera del cuerpo." En este
estado he sido introducido dos o tres veces solamente y con el mero fin
de que supiese como es, y que los espíritus y los ángeles gozan de todos
los sentidos, y también el hombre cuando se halla apartado del cuerpo.
441. Con
respecto a lo otro (es decir), ser llevado por el espíritu a otro lugar,
me ha sido manifestado mediante viva experiencia lo que es, y como se
verifica, pero sólo dos o tres veces. Referiré una sola experiencia;
andando por las calles de una ciudad y por campos y simultáneamente en
conversación con espíritus, no sabía sino que fuera tan despierto y
tanto en posesión del uso de la vista como en otras ocasiones; así
caminaba sin vacilar, y entretanto tenía una visión, observando árboles,
ríos, palacios, casas, hombres y varias cosas; pero después de andar así
durante varias horas me hallé de repente en la vista del cuerpo, viendo
que me encontraba en otro lugar. Altamente sorprendido por esto, advertí
que me Había hallado en igual estado que aquellos de quienes se dice que
fueron "llevados por el espíritu a otro lugar": porque mientras dura no
se fija uno en el camino, aun cuando fuese de varias millas, tampoco se
fija uno en el tiempo, aunque fuera de varias horas o días; ni siente
uno cansancio. Entonces es uno también llevado por caminos, por él
desconocidos, sin equivocación hasta el lugar designado.
442.
Pero estos dos estados del hombre, los cuales son sus estados cuando se
halla en sus interiores, o lo que es lo mismo, cuando se halla en su
espíritu, son extraordinarios, habiéndome sido manifestados con el solo
fin de conocer como son, puesto que son conocidos en la iglesia; pero
hablar con espíritus y estar con ellos como uno de ellos, me ha sido
concedido hasta en plena vigilia del cuerpo, y esto ahora durante muchos
años.
443. Que
el hombre con respeto a sus interiores es un espíritu puede constar
además por lo que se ha dicho y manifestado arriba (n. 311 a 317) donde
se trata de que el cielo y el infierno son del género humano.
444. Que
el hombre es un espíritu con respecto a sus interiores, quiere decir que
lo es, en cuanto a las cosas que pertenecen a su pensamiento y voluntad,
puesto que estos son las cosas interiores mismas, las cuales hacen que
el hombre es hombre y tal hombre cual es con respecto a ellas.
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